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# A quien vive a oscuras le molesta hasta la luz de una vela
- URL: https://www.humankindnews.com/a-quien-vive-a-oscuras-le-molesta-hasta-la-luz-de-una-vela/
- Published: 2026-10-07T11:14:46.000Z
- Updated: 2026-10-07T11:14:45.000Z
- Description: El elogio llega casi siempre en privado; la burla, en público. Hace años escribí que a quien vive a oscuras le molesta hasta la luz de una vela. Esta semana entendí que esa frase también explica cómo se cuentan las noticias y por qué tantas luces se apagan sin ruido.
- Author: Hilda Peguero
- Tags: Voces, Editorial

Desde que publicamos «Aquí los museos respiran bajo el agua», los comentarios más hermosos que ha recibido este periódico me han llegado por WhatsApp, en mensajes privados de personas que me cuentan que aprendieron sobre su propia región cosas que nadie les había contado, que ya están buscando cómo ir a conocer esos museos, que les gustaron las propuestas y que, aunque el texto era largo, lo leyeron completo y sin cansarse, mientras el espacio de comentarios al pie del reportaje sigue casi vacío. Agradezco mucho cada uno de esos mensajes, que recibo como un estímulo para seguir mejorando, y aun así me quedé pensando en por qué el elogio llega casi siempre en voz baja y por la puerta de atrás, cuando la burla y el desdén suelen decirse en público y a todo volumen.

Hace unos años anoté en una libreta una frase que escribí para mí: *a quien está acostumbrado a andar en la oscuridad le molesta hasta la luz de una vela,* pero esa vela encendida no debe apagarse por eso, porque en el fondo es lo que esa persona más necesita. La volví a leer esta semana y sentí que describía también la manera en que muchas veces se cuenta lo que pasa a nuestro alrededor.

Buena parte de lo que llamamos noticias se ha acomodado a la oscuridad, porque la mala noticia ya no incomoda a nadie, nos confirma lo que ya pensábamos y nos deja sentados donde estábamos, con la excusa perfecta de que aquí no se puede. Lo que incomoda es la vela encendida. Incomoda la maestra que logró que sus estudiantes no abandonaran la escuela, la organización que rinde cuentas hasta del último peso, la empresa que decidió medir lo que hace en lugar de anunciarlo y el pescador que aprendió a cuidar el arrecife del que vive, porque cada una de esas luces demuestra que sí se podía, y eso le quita el refugio a quien prefirió no intentarlo.

Por eso a tantas labores no las apaga un vendaval. Las apaga el soplo pequeño de todos los días, que llega como la burla de quien dice que eso es para salir en la foto, como el comentario que minimiza, como el silencio de quien podía apoyar y no lo hizo o como la invisibilidad de un trabajo que nadie se toma la molestia de contar. Lo he visto durante muchos años en el tercer sector, en organizaciones que sostienen con muy poco lo que nadie más alcanza a sostener y que terminan cansándose más del desprecio que del trabajo.

Quiero ser justa con algo que en este periódico practicamos todos los días, cuando investigamos y requeteverificamos las evidencias: hacer preguntas incómodas no es soplar contra la vela encendida. Cuando preguntamos cuánto cuesta un programa, a cuántas personas llega de verdad o qué le queda por resolver, no estamos apagando su luz, la estamos protegiendo del humo de la exageración. Una vela que promete más de lo que alumbra termina perdiendo la confianza de quien la mira. Por eso decimos que no romantizamos el bien, que lo verificamos, y por eso cada pieza que reporteamos declara lo que sabe y lo que todavía no sabe. 

> La crítica que examina ayuda a que la luz dure, mientras que la burla solo espera verla apagada.

Vuelvo entonces a esos mensajes que me llegan en privado. A quien lee estas líneas le pido que no esconda su luz, sea la de su trabajo o la de los valores que defiende cuando nadie lo está mirando, aunque muchas veces moleste y aunque nadie la aplauda, porque hay alguien en la oscuridad que la necesita más de lo que se atreve a decir. Y le pido algo más, que es quizás lo más fácil y lo que menos hacemos: que el aplauso también se dé en voz alta, en un comentario público o en una frase dicha de frente a quien está haciendo algo que vale la pena. Decirlo en público es echarle aceite a una lámpara ajena, y muchas veces es lo único que hace falta para que alguien no se rinda en su noche más larga.

**¿Qué luz tienes encendida hoy que alguien está esperando ver, y a quién le debes todavía, en voz alta, el aplauso que hasta ahora solo le diste en privado?**