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# Aquí los museos respiran bajo el agua
- URL: https://www.humankindnews.com/aqui-los-museos-respiran-bajo-el-agua-2/
- Published: 2026-09-28T07:51:29.000Z
- Updated: 2026-09-29T19:05:21.000Z
- Description: Frente a La Romana y Bayahíbe, cañones de piratas, galeones españoles y bebés de coral cuentan una historia que muchos turistas todavía no conocen, aunque naden sobre ella
- Author: Hilda Peguero
- Tags: Reportaje Humankind, Medioambiente, Republica Dominicana

Tengo una deuda de gratitud con el mar. Crecí mirándolo de frente todos los días, desde la casa donde vivíamos, en la costa de La Romana, escuchando la música de sus olas, oliendo su perfume, sintiendo su sabor a sal. Quizás se me hizo tan familiar que, sin querer, comencé a ignorarlo.

Yo he cambiado con los años. La playa también: ninguna ola toca igual la orilla. Pero si cierro los ojos, todavía me veo con la careta puesta frente a la pared de la Isla Catalina, flotando sobre corales de todos los colores en un agua tan clara y calmada que parecía estar en una pecera. Esa admiración, la de quien descubre un planeta que no sabía que existía, no se me ha ido.

Aquí en el Este, hoy día se habla mucho del auge turístico de Bayahíbe. De sus playas y la piscina natural, de los delfines que a veces saltan cerca de los botes, del valor del Parque Nacional Cotubanamá, de los autobuses que cada mañana traen miles de visitantes. Tantos, que hubo que construir un estacionamiento nuevo para recibirlos. Todo eso es cierto.

Apoyada en esa nostalgia, con este reportaje quiero ofrecerle al lector una escafandra, para que se sumerja conmigo y descubra la historia que vive debajo del agua, esperando ser contada.

Bajemos.

**Comenzamos por la Isla Catalina**

En 1698, el corsario escocés William Kidd capturó en el océano Índico un barco mercante cargado de telas finas, seda y otros bienes de la India: el Quedagh Merchant. Un año después, en 1699, navegando por estas cálidas aguas del Caribe, llegó con él a nuestra isla y lo dejó frente a La Romana. Poco después, el barco fue incendiado. Las corrientes se llevaron los restos hasta un fondo poco profundo frente a la Isla Catalina. Allí quedó durante tres siglos, invisible.

En 2007 ocurrió algo sorprendente. 

Un buzo local vio unos cañones y llamó a la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático, hoy Dirección Nacional. Había que investigar, de modo que la institución llamó a la Universidad de Indiana para que ayudara con esto. Entre 2007 y 2011, un equipo internacional confirmó lo que las corrientes habían escondido tan bien: al menos veintisiete cañones de hierro fundido, apilados sobre coronas de anclaje, madera de teca del casco procedente de la India y piedra de lastre de la cantera Deccan de Surat. Esas rocas, pesadas y densas, servían para estabilizar los cascos de los barcos mercantes de la época. El análisis de la piedra la ubicó en Surat, justo donde Kidd había declarado que se construyó el barco. Durante tres siglos lo habían buscado, en vano, en otras partes del mundo. El barco perdido de uno de los piratas más famosos de la historia llevaba todo ese tiempo aquí, a menos de tres metros de profundidad, en aguas dominicanas.

Todavía están ahí. Ese sitio hoy es un museo vivo del mar. Pero no un museo cualquiera.

Es un museo que no cierra los lunes ni tiene horario, no requiere taquilla de entrada, no vende souvenirs y, sobre todo, no se puede visitar sin bajar al agua. Los cañones siguen donde cayeron. El coral cuerno de alce, especie en peligro crítico de extinción en el Caribe, crece sobre el hierro oxidado, como si el arrecife hubiera adoptado la ruina como su casa.

Es uno de los cuatro museos vivos del mar que hoy operan en el país, tres entre La Romana y Bayahíbe y uno en La Caleta, cerca de Santo Domingo, mientras en Punta Cana ya empezó a formarse una red nueva. Pocos países del Caribe hispano tienen tanto patrimonio sumergido abierto al visitante, pero esa información todavía no aparece en los folletos del hotel donde se hospedan.

Quizás te preguntes por qué no sacan esas piezas del mar, como hicieron tantos que se las llevaron a sus salas. La respuesta señala un nombre: el arqueólogo Charles Beeker, de la Universidad de Indiana, quien hace más de tres décadas propuso un concepto bajo el nombre en inglés de Living Museums in the Sea; en español, **Museo Vivo del Mar.** 

Un cañón extraído del mar se vende una sola vez. Un cañón que se queda donde cayó rinde frutos todos los días. Cada buzo que baja a mirarlo paga una excursión, y cada foto que sube a redes promociona el destino sin costo. Mientras tanto, el coral se acomoda sobre el hierro y el sitio se convierte en arrecife. Deja de ser una pieza muerta para convertirse en parte del ecosistema. El coral se aferra a esos restos de la historia para vivir. Sin saberlo, *se convierte en narrador de lo que dejó un turista del pasado y promotor del turista de hoy*. 

Aunque ese principio hoy nos suena normal, estuvo muy lejos de ser así en el pasado. Durante siglos, el patrimonio bajo el agua fue tratado como tesoro. Se extraía, se repartía, se saqueaba, se vendía. El barco era el mapa hacia el botín, no el objeto de estudio. Los pecios eran minas.

Pedro Morales, director nacional de Patrimonio Cultural Subacuático del Ministerio de Cultura, nos lo explica: «Un Museo Vivo del Mar es, en esencia, un museo cuyo edificio es el propio mar. En lugar de sacar todo lo que encontramos para llevarlo a una vitrina, tratamos de conservar el sitio, siempre que las condiciones lo permitan, en el lugar donde la historia ocurrió».

La República Dominicana fue de los primeros países del Caribe hispano en adoptar este enfoque. La transformación comenzó en 1999, cuando la Comisión de Rescate Arqueológico Submarino pasó a ser la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático, con un enfoque conservacionista que marcó una verdadera evolución filosófica. En 2004 nació el primer museo vivo del mar, con piezas del galeón español Nuestra Señora de Guadalupe, que naufragó en 1724 en la bahía de Samaná, frente a Miches.

Diecisiete años después de aquel primer museo bajo el agua, en 2021, el país ratificó formalmente la Convención de la UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático. Aunque en múltiples aspectos marchamos con retraso, en esta iniciativa logramos sacar la cabeza.

**Los tres tesoros de La Romana y Bayahíbe**

El litoral entre La Romana y Bayahíbe guarda tres museos vivos del mar, y cada uno existe bajo el agua a su manera.

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Buceador frente a un cañon en Viva Shallow. Foto: cortesía de Lola Kuntz para Humankind News.

**Viva Shallow** es el más visitado. Es el sitio interpretativo del Guadalupe, el galeón que, como ya mencionamos, naufragó en la bahía de Samaná. Como Miches no tenía entonces turismo, sus piezas se colocaron en Bayahíbe, en un punto al que los buzos locales pusieron nombre en inglés («shallow» quiere decir «poco profundo»): apenas nueve metros de profundidad frente al hotel Viva Wyndham Dominicus. En días de buena visibilidad se alcanza a ver desde la superficie con snorkel. Recibe más buzos que cualquier otro museo de la zona. Contiene siete cañones, cerámicas y balas de artillería del pecio original. El ancla de almirantazgo que los acompaña llegó desde la Isla Saona. Hoy el turismo llegó a Miches también y la Dirección Nacional estudia crear otro museo vivo del mar cerca del sitio original del naufragio.

**El Capitán Kidd o Quedagh Merchant**, frente a la Isla Catalina, es distinto. Aquí no hay museografía. El sitio se mira tal como quedó tras el incendio y el hundimiento. Según la Dirección Nacional, es el primer museo vivo del mar del Caribe con conservación in situ, el modelo que la Convención de la UNESCO de 2001 pide como primera opción. Solo se sacaron muestras de madera para identificar el barco y un cañón para conservación. El coral cuerno de alce que cubre los cañones se está reproduciendo allí y se estudia cada año. El sitio tiene un inconveniente, el oleaje, y por eso, según los instructores de la zona, pocas empresas llevan buzos hasta allí.

**El Morales** está en el arrecife de Guaraguao, en el límite marino donde comienza el Parque Nacional Cotubanamá (antes Parque del Este), a unos 250 metros de la costa y a entre 11 y 12 metros de profundidad. Es un museo interpretativo con cañones, balas y fragmentos de ánforas del siglo XVIII. Muchas de esas piezas fueron confiscadas en tierra a personas que intentaban comercializarlas. En vez de guardarlas en un depósito, se pusieron bajo el agua para que cumplieran su función. Muy cerca, una fundación siembra corales, de los cuales les hablaré más adelante.

Y sobre este último sitio quiero destacar algo más.

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Placa sumergida del museo vivo del mar Morales. En la foto, Ana Sofía Morales- nieta de Don Peter, el profesor Charles Beeker, de la Universidad de Indiana y Pedro Morales, director nacional de Patrimonio Cultural Subacuático del Ministerio de Cultura. Foto: cortesía de la Universidad de Indiana/(ONPCS) 

**De dónde viene ese nombre bajo el agua**

El sitio Morales lleva ese nombre por una razón que no aparece en ninguna literatura turística. Se lo dedicó el sector hotelero de Bayahíbe en memoria de Pedro Morales Troncoso (1937-2003), empresario y funcionario dominicano que fue director de Turismo del país a finales de los años setenta y presidente del Patronato Rector del Parque Nacional del Este a partir de 1994.

Don Peter Morales, como todos lo llamábamos, era hermano de Carlos Morales Troncoso, quien presidió la Central Romana Corporation. Desde los años noventa apoyó, con su propio empuje, las investigaciones arqueológicas subacuáticas que la Universidad de Indiana desarrollaba en Bayahíbe. Sin él, probablemente los museos vivos del mar no habrían llegado a ser lo que son.

Su hijo Pedro me lo contó así: para mi papá, Bayahíbe no era simplemente un destino con potencial turístico. Era un territorio cuyo desarrollo debía ir acompañado de la protección de su naturaleza, su historia y su patrimonio arqueológico.

En 2004, pocos meses después de su muerte, la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe, Viva Resorts, Coral Hotels y la Universidad de Indiana develaron una tarja con su nombre en la playa del entonces Hotel Canoa Coral, hoy Be Live Collection Canoa.

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Museo vivo del mar Morales. Foto: cortesía de Lola Kuntz para Humankind News.

*«Cuando alguien se sumerge allí y encuentra el nombre Morales, también está encontrando una parte de la historia de una persona que ayudó a que estos sitios sean conocidos, investigados y protegidos», dice hoy Pedro, su hijo.*

Hay, además, un detalle que no puedo dejar fuera sin faltar a la gratitud. Don Peter Morales fue el hombre que en los años setenta convenció a mi padre de dejar el Cibao para venir a trabajar a la Gulf & Western, hoy Central Romana Corporation. Sin él, mi familia no habría llegado nunca a La Romana. Sin La Romana, yo no estaría sumergida en esta historia.

**Otro museo más y los que vienen**

En el Parque Nacional Submarino La Caleta opera desde 2019 el cuarto museo vivo del mar dominicano: el Nuestra Señora de Begoña, otro barco español del siglo XVIII. Ese sitio permite algo poderoso desde el turismo cultural: un visitante puede recorrer en tierra el Museo de las Atarazanas Reales en la Ciudad Colonial, ver allí piezas rescatadas del pecio y después ir al mar a visitar el contexto donde esas piezas estuvieron durante tres siglos. Un solo relato entre dos ciudades y una bahía.

En Punta Cana, la red ya empezó. Con la Fundación Grupo Puntacana y la Fundación Cap Cana, la Dirección Nacional abrió en 2019 el Coliseo, un parque interpretativo donde se plantan corales cuerno de ciervo en peligro crítico al lado de cañones y artefactos de otros pecios. Le seguirán un naufragio español del siglo XVI todavía en investigación y el remolcador Enriquillo, que como USS Stallion estuvo en la batalla de Okinawa y hoy yace como arrecife artificial.

![Buceadora flota sobre un remolcador hundido cubierto de vida marina](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-2821340c-ee8e-4f9e-b724-bd83696239ca.jpeg)

Guia de buceo junto al Atlantic princess hundido como arrecife artificial en Bayahíbe. Foto: Ylenia Fernández Díaz, cortesía de Lola Kuntz.

Pedro Morales lo resume: «Mi interés ahora es precisamente que dejemos de ver estos sitios aisladamente y podamos hablar de una verdadera red o un corredor dominicano de Museos Vivos del Mar, con criterios comunes de documentación, mantenimiento, interpretación y manejo».

**Un corredor**: una narrativa que no hay que inventar, porque es real. La playa la miramos casi siempre del agua hacia afuera y ¡vaya que es hermosa!. Pero del agua hacia adentro hay otro mundo.

Aquí es donde te invito a dejar de mirar los cañones por un momento, para mirarnos a nosotros.

Traigo a colación algunas cifras: la República Dominicana cerró el 2025 con 11,676,901 visitantes, contando a los cruceristas. Ese año, el turismo dejó once mil ochocientos sesenta y seis millones de dólares en divisas, un 9.3% más que el año anterior. Según la Asociación de Hoteles y Turismo, Asonahores, el sector aportó el 15.9% del PIB y sostuvo 882,419 empleos directos, indirectos e inducidos: uno de cada seis puestos de trabajo del país. Somos el destino líder del Caribe en llegadas.

¿Y qué le contamos a esa gente que llega? Fundamentalmente: sol, playa, ron. Mangú en la mañana, piña colada al mediodía y merengue al atardecer. Un país sabroso, alegre, servicial.

Todo eso somos. También somos algo más.

Somos el país donde Colón fundó, en 1494, el primer asentamiento europeo estable de América, La Isabela, que hoy se prepara para postular como Patrimonio Mundial ante la UNESCO. Somos la única nación del Caribe hispano con el barco de un pirata escocés dormido a pocos metros de profundidad frente a la Isla Catalina. Somos la costa donde una fundación que cumple treinta y cinco años produce hoy bebés de coral para que este mar siga existiendo. Y poco o nada de eso está en la narrativa del guía turístico, ni en el itinerario del catamarán.

*Hay algo más que tampoco está en el itinerario y sin eso los cañones serían hierro viejo: *el coral*. Es el coral el que convierte un pecio en arrecife y un arrecife en museo vivo.* Rita Sellares, directora de la Fundación Dominicana de Estudios Marinos (Fundemar), nos lo explicó con la sencillez de quien lo ve cada día: **«En el mar, estas estructuras se llenan de corales, se llenan de esponjas y generan vida. Cuando hay corales y esponjas llegan otros peces, crustáceos. Es importante mantener esos sitios, porque ya son como arrecifes».**

Los museos, además, le hacen un favor al arrecife natural. Cada buzo que baja a ver un cañón es un buzo menos encima de una colonia frágil. «Mientras más diversificado esté el destino submarino, mejor, porque quitas presión a ciertas zonas», dice Rita.

Pero ese coral no está garantizado. El que viste los cañones del capitán Kidd pertenece a una especie en peligro crítico. Y a pocos minutos del muelle de Bayahíbe, en un laboratorio, un equipo instruido y apasionado trabaja, de día y también de noche cuando el coral desova, para que no desaparezca.

### ***«Cuando pasó lo del blanqueamiento y vimos tanta mortalidad en el arrecife yo tuve un momento que dije \[…\], se acabó. Pero después yo vi a esos bebés coralitos y dije, mira, ¡están vivos!»***

Rita Sellares, directora ejecutiva de Fundemar

**Los bebés corales**

![Vista cenital nocturna de buzos con linternas entre estructuras de arrecife artificial](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-2cf32baf-30b9-4a33-ac9f-25e7aba1b11f.jpeg)

Equipo de Fundemar durante un monitoreo nocturno de colonias de coral, a la espera del desove. Foto: Marvin Del Cid, cortesía de Fundemar. la Fla

Fundemar opera en Bayahíbe desde 1991\. La fundó la Dra. Idelisa Bonnelly de Calventi (1931-2022), pionera de la conservación marina dominicana, impulsora del Santuario de Mamíferos Marinos del Banco de la Plata (la primera área protegida para ballenas jorobadas del Atlántico Norte), y Medalla Marie Curie de la UNESCO en 2009.

La fundación tiene un lema: **«Solo se protege lo que se ama, solo se ama lo que se conoce»**. Ese lema da sentido al trabajo del equipo que hoy dirige Rita: quince miembros de personal, tres asesores científicos y cuatro pasantes. Fundemar ha sembrado más de 1.5 millones de reclutas de coral en la costa dominicana. Su sistema de fertilización asistida, el primero del Caribe, tiene capacidad de producir alrededor de medio millón de bebés corales al año. Mantiene un banco genético con distintos fenotipos de Acropora cervicornis y Acropora palmata, las dos especies más golpeadas por el blanqueamiento masivo de 2023 y por la enfermedad de pérdida de tejido de coral duro, que llegó a las costas dominicanas en los últimos años.

![Miles de diminutos huevos de coral de color marrón flotando en una bandeja](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-99716b85-c411-43ef-a8f8-8488c6b9df5d.jpeg)

Miles de diminutos huevos y embriones de coral tras la fertilización asistida en el laboratorio de Fundemar. Foto: cortesía de Fundemar.

Estuve allí, y es emocionante. Ver los tanques circulares: cada uno puede albergar doscientas cincuenta mil larvas de coral. Ver las peceras cargadas de fragmentos que un día volverán al arrecife. Ver a Ariel Alexander Álvarez Ricardo, biotecnólogo capitaleño que llegó como pasante y se quedó, frente a una computadora, entrenando un programa de inteligencia artificial para que analice las fotos del monitoreo. Conversar con Michael del Rosario, un joven bayahibense que le tuvo miedo al mar hasta los veintiún años y que hoy es buzo científico de Fundemar. En su primer buceo, me contó, pasó quince minutos mirando solo la arena, a dos metros de profundidad, sin valor para levantar la vista. Cuando por fin miró hacia adelante, «se veía como una película alienígena». Hoy tiene su traje de buzo y tanques siempre listos sin días feriados, imparte charlas a los niños del pueblo constantemente y habla con una pasión que enamora.

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Andreina Valdez, gerente de operaciones de Fundemar, revisa los acuarios con reclutas de coral. Foto: cortesía de Fundemar.

En nuestra conversación, Rita me dijo:

*«La naturaleza debe ser compensada, no darla por garantizada. República Dominicana por años vivió de espaldas al mar. Hoy en día hay mucha más conciencia, pero aún se peca de confiar en que la naturaleza estará siempre aquí. Si queremos seguir disfrutando de todos los recursos que nos da, debemos cuidarla, al igual que ella nos provee a nosotros».*

Tras más de dos décadas en Bayahíbe, lo que sostiene la esperanza de Rita son los bebés coralitos: «Esa es para mí la razón de ser. 

Le pregunté qué hace falta para sostener estos tesoros turísticos.

*«Yo creo que es cambiar la mentalidad del ser humano, ver nuestra obligación de cuidar los recursos, pero también ser conscientes de que nosotros dependemos de ellos. Es como decir, por ejemplo, yo tengo un negocio y uno de mis empleados es la naturaleza y la debo cuidar porque es la que me produce y me brinda todos estos servicios de los que me beneficio».*

![](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-4c57aa92-9a0d-4abb-b029-f121449f7070.jpeg)

Rita Sellares, directora ejecutiva de Fundemar, da mantenimiento a fragmentos de coral en uno de los viveros. Foto: Marvin Del Cid, cortesía de Fundemar.

**Se trabaja con ciencia debajo del agua**

Aprendimos que arqueólogos y biólogos usan en estas aguas la misma herramienta: la fotogrametría subacuática. Funciona de la siguiente manera, el buzo baja con una cámara y toma cientos, a veces miles, de fotos de un cañón, un pecio, un tramo de arrecife. Un software procesa las imágenes y reconstruye un modelo tridimensional con precisión de milímetros. La misma foto sirve para dos disciplinas. La arqueología ve las piezas. La biología marina ve el coral que crece sobre ellas, la esponja que se instala en un rincón, el cambio anual en la rugosidad del arrecife. Esa rugosidad es importante porque aunque un coral haya muerto, me explicó Rita, su esqueleto de carbonato de calcio sigue dando refugio a la vida.

![](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/Buzo-de-Fundemar-colocando-red-de-colecta-sobre-colonia-de-coral--para-atrapar-el-desove-1.JPG)

Buzo de Fundemar colocando red de colecta sobre colonia de coral, para atrapar el desove. Foto: Marvin Del Cid, cortesía de Fundemar.

Esos modelos, generados por la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático (Ministerio de Cultura), se comparten con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Sirven como línea base del monitoreo de las áreas marinas protegidas. 

En este tema, no se está improvisando. La prueba es que desde 2018, The Nature Conservancy lidera un proyecto de mapeo del Santuario Marino Arrecifes del Sureste en colaboración con Fundemar, la Fundación Grupo Puntacana y la Red Arrecifal Dominicana. Para Rita, lo que hace fuerte al programa son las alianzas: **«Cada institución aporta, y cuantas más sinergias, mayor es el impacto que logramos»**. Una avioneta con sensores hiperespectrales sobrevoló la zona y produjo mapas que distinguen arrecife, pasto marino y otros fondos costeros hasta quince metros de profundidad. Las mismas instituciones coordinan un plan de restauración cuyo diseño experimental contó con la participación del doctor Aldo Croquer, de The Nature Conservancy, y permite medir si las intervenciones funcionan.

El plan de monitoreo cubre desde Punta Cana hasta Bayahíbe. Los museos vivos del mar entran, como los pecios del St. George y el Atlantic Princess (dos barcos hundidos intencionalmente en 1999 y 2009 como arrecifes artificiales para buceo), en el mismo territorio ecológico protegido. En esos barcos modernos, me explicó Ariel, al coral le cuesta asentarse; sirven sobre todo de refugio a los peces.

Todas estas acciones científicas y de conservación se desarrollan de manera continua, aunque permanecen inadvertidas para la mayoría del público.

**Una voz que baja al agua todos los días**

Lola Kuntz ha vivido en el mar casi desde que nació. Llegó al mundo en Francia y a los tres meses ya navegaba en el velero de su familia. A los cuatro años y medio, ese velero atracó en la República Dominicana. Buceó con tanque por primera vez a los quince y le resultó tan natural que su instructor le preguntó si ya lo había hecho antes. Es profesional de buceo PADI desde los 18 años e instructora desde los 21\. Trabaja en Bayahíbe desde 2016, por su cuenta, con clientes que buscan inmersiones privadas.

![Buceadora sonriente asomada por una abertura oxidada de un barco hundido](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-a8f0d6e2-79bd-4fbc-8762-535f659f4278.jpeg)

Lola Kuntz, instructora de buceo en Bayahíbe desde 2016\. Foto: Ylenia Fernández Díaz, cortesía de Lola Kuntz.

Ella dice que hay más de diez centros de buceo en la zona, entre grandes y pequeños, con más de treinta instructores. Todos llevan a sus clientes a los mismos puntos. Y me hizo espontáneamente una advertencia: no todos los centros de buceo son buenos, algunos respetan más los estándares que otros.

Cuando le pedí cifras de visitantes, me respondió con franqueza: «Uy, pero me estás preguntando cosas imposibles». No hay registro oficial. Su cálculo, el de quien baja todos los días, es un promedio de ocho a diez buzos diarios en cada museo, aunque hay días en que no va nadie. Viva Shallow, el más concurrido, recibe entre quince y veinte, o más. En temporada alta, el triple.

La historia que esos buzos escuchan depende de la suerte. «Te voy a ser honesta. Todo depende del instructor que te toque y del grupo que te toque. Cuando me tocan principiantes, por lo general me enfoco más en la seguridad que en la historia. Luego del buceo se explica un poco más de detalles. Ahora bien, sé que hay instructores y guías que no saben nada de la historia y dicen cualquier cosa».

Ni siquiera entre los guías hay una sola versión. De los cañones de Viva Shallow, me escribió Lola, «algunos dicen que son los originales; otros, réplicas».

La mayoría de sus clientes no sabe que en Bayahíbe hay museos bajo el mar. Se enteran en el agua, cuando ven las placas. Preguntan por los cañones, por el pirata. Unos se van con esa historia. Otros no.

Tampoco se llevan nada escrito. Casi ninguna de las empresas que Lola conoce entrega un folleto o un mapa del sitio en específico. *Se suele explicar el punto de buceo en el "briefing"* antes de la inmersión, *donde el instructor o guía explica el punto y lo que se puede ver. Cada quien lo explica a su manera y lo que quiere decir.* Pedro Morales me había hablado de unos folletos plastificados que explican cada museo. Existen. Casi nadie los usa.

Ahí hay un hueco que hace falta llenar.

**Los colores del paraíso**

Los colores que vi de niña frente a la pared de Catalina ya no son los mismos. Michael me contó que el arrecife que conoció hace cinco años ya no era el que vio Rita hace veinte, y que aun así él nota lo que se ha perdido. Antes, en un solo punto, recogían tanto desove de coral que había que botar la mitad bajo el agua. Hoy necesitan cinco barcos en cinco lugares y marcan las colonias días antes con un hilo que las une, porque están tan separadas que sin guía no se encuentran. Cada generación de buzos ha visto un arrecife más pobre que el anterior.

![Buceadora toma notas con un cuadrante sobre un arrecife, con coral deteriorado en primer plano](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-3536ae82-5205-4b7d-be57-110da560866b.jpeg)

Especialista de Fundemar inspecciona la salud de un arrecife. Foto: Marvin Del Cid, cortesía de Fundemar.

Cuando el blanqueamiento se prolonga, los corales mueren. Sus esqueletos quedan blancos, advirtiendo que después se blanquea el turismo. Cuando el arrecife colapsa, la arena desaparece. Los peces se van. Las tortugas dejan de anidar. Y lo que quedó de la postal se lo lleva el próximo huracán, porque tampoco había arrecife para amortiguarlo.

Recoger la botella plástica que llegó al agua es importante, como lo es impedir que un plato de foam con espaguetis termine ahogando corales bajo las olas, pero preservar esos colores del paraíso nos pide pensar más lejos: que lugareños y turistas, empresarios y empleados del sector, políticos y periodistas, **todos fortalezcamos la sinergia que los mantiene vivos.**

Rita me lo dijo así: cuando tú tienes una casa, te preocupas por pintar, por mantener el jardín, por darle mantenimiento. Por eso insiste: **«Tienes que invertir en el activo que te mantiene el turismo, que es el arrecife de coral».** Por eso, afirmamos que sostener el turismo es planificar mas allá de ampliar un estacionamiento, más lanchas, más tiendas de regalos y más restaurantes.

💡

***«¿Cómo van a cuidar lo que no conocen y no aman?»** Michael del Rosario, buzo especialista de Fundemar

**Lo que propongo**

Escribo este reportaje desde mi rol de secretaria de Cultura de la directiva de ADOMPRETUR La Romana-Bayahíbe y Auxiliar Naval. Desde ahí propongo cinco ideas concretas.

**Primero.** Cada centro de buceo autorizado a operar sobre los museos vivos del mar podría entregar a cada turista, antes de la inmersión, un material impreso plastificado o mucho mejor si es **digital,** con la historia del sitio en el idioma del visitante. Ese material puede ser certificado y renovado cada dos años por la propia Dirección junto al Ministerio de Turismo y al clúster hotelero. Lola Kuntz agrega que lo ideal sería tener esas informaciones en pancartas en los centros de buceo.

**Segundo**. En los vuelos comerciales que aterrizan en Punta Cana y La Romana debería proyectarse un video breve, tres o cuatro minutos, sobre los museos vivos del mar y los arrecifes del Caribe. La idea es de Michael, de Fundemar, que la resume en una pregunta: «¿Cómo van a cuidar lo que no conocen y no aman?». Mucha gente que llega a nuestras playas no sabe que el coral es un ser vivo. Si el turista ve ese video antes de aterrizar, aunque solo el uno o dos por ciento cambie su conducta, marca la diferencia. Yo iría un paso más allá: esos mismos videos deberían estar en los televisores de las habitaciones de hotel.

**Tercero**. Sería sumamente útil que los guías e instructores de buceo de Bayahíbe recibieran cada temporada una capacitación formal en historia y arqueología subacuática dominicana, dictada por la Dirección Nacional y por Fundemar. La rotación en el sector es altísima: Michael puede dar una charla a treinta capitanes de bote y, un mes después, solo quedan cinco. El conocimiento no se acumula. Hay que renovarlo cada temporada.

**Cuarto**. El Ministerio de Turismo debería incluir formalmente los museos vivos del mar y los viveros de coral de Fundemar dentro de su oferta oficial de destino cultural. Hoy los buzos van, pero no hay estadísticas oficiales, no hay ingreso medido, no hay marca. Esa formalización permitiría, entre otras cosas, que un porcentaje de la tarifa de buceo se destine directamente al mantenimiento del sitio y a proyectos comunitarios en Bayahíbe. Hay precedentes: Bonaire, una isla de unos veinticinco mil habitantes que vive del buceo, cobra una tasa de conservación a cada buzo y le exige una inmersión de orientación antes de dejarlo bucear por su cuenta. Pedro Morales ya lo plantea: usar los folletos para contar a los visitantes y pedir a los centros de buceo un aporte mínimo, canalizado por una fundación o por el clúster, que vuelva a la comunidad cada año.

**Quinto y último.** Un reconocimiento público, con carácter permanente, a la Fundación Dominicana de Estudios Marinos y a la memoria de la Dra. Idelisa Bonnelly. Fundemar cumple treinta y cinco años en 2026\. Sin ella, sin la Dirección Nacional, sin la Universidad de Indiana, sin Don Peter Morales, sin Rita Sellares, sin Charles Beeker, sin los muchachos como Michael, Andreina y Ariel que trabajan con pasión de científicos y buzos guías apasionados como Lola, este reportaje no existiría, porque el paisaje submarino que describe tampoco existiría.

![](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-52947a3f-0eca-4ff1-b302-3f49db05b4be.jpeg)

Pecios en Museo Viva Shallow. Foto: cortesía Lola Kuntz.

**De vuelta a los cañones**

Este viaje empezó con veintisiete cañones dormidos frente a la Isla Catalina. Termina con una pregunta.

**¿Qué le vamos a contar al próximo turista que llegue a Bayahíbe?**

Si le damos playa, gastronomía y merengue, se irá con eso. Si le contamos, además, que a nueve metros bajo su catamarán descansan los cañones de un galeón español de 1724, que a pocos metros bajo la Isla Catalina duerme el barco perdido del capitán Kidd, que en el arrecife de Guaraguao hay cañones en un sitio que lleva el apellido de un hombre que amó este pedazo de mar, que en un laboratorio de Bayahíbe se producen bebés de coral que un día volverán al arrecife, que todo eso está aquí y le pertenece también a él porque el mar es de quien lo cuida, *entonces algo cambia.*

Cambia lo que ese turista se lleva. Ya no se lleva un caracol, ni un frasco de arena, ni toca los corales, porque aprendió que esos pecios guardan una historia que le enseña que al tocar estas playas, **disfrutar no es destruir.**

> Lo que enseñan estos museos es que nada se queda en el pasado si alguien le da vida para el futuro.

![Fragmentos de coral cuerno de ciervo colgados de cuerdas bajo el agua, con un buzo al fondo](https://storage.ghost.io/c/f9/bf/f9bf40ea-4d6c-414b-96af-de3976103607/content/images/2026/09/data-src-image-3d1f77a9-b927-43b3-841f-7f05cd4680ea.jpeg)

Vivero de fragmentos de coral Acropora cervicornis. Foto: Marvin Del Cid, cortesía de Fundemar.

Y ese futuro empieza a nueve metros de profundidad, frente a Bayahíbe, cada mañana, cuando el primer bote sale del muelle, el primer buzo se tira al agua y ve, otra vez, los colores del paraíso. Aquí, donde los museos respiran.

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**Transparencia y fuentes**

Nota de transparencia. La autora es secretaria de Cultura de la directiva de ADOMPRETUR La Romana-Bayahíbe, desde donde formula las propuestas de este reportaje. Su familia llegó a La Romana por gestión de Don Peter Morales, como se narra en el texto. Las citas de Pedro Morales, Rita Sellares y Lola Kuntz fueron revisadas y aprobadas por ellos antes de publicarse. Las cifras de visitantes a los museos son estimaciones de una instructora de buceo: no existe un registro oficial.

Sello de evidencia MEDIA. Los datos sobre los museos provienen de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático y de la Universidad de Indiana; los de restauración de coral, de Fundemar, sin auditoría externa. Las cifras de turismo son de Asonahores y del Ministerio de Turismo (2025).

**Fuentes:** entrevistas con Pedro Morales (director nacional de Patrimonio Cultural Subacuático), Rita Sellares, Michael del Rosario y Ariel Álvarez (Fundemar) y Lola Kuntz (instructora de buceo), realizadas en 2026\. Convención de la UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático (2001). Datos de turismo 2025 de Asonahores y del Ministerio de Turismo.

> *Hilda María Peguero es comunicadora dominicana - Trabajadora Social. Miembro de ADOMPRETUR - TN Auxiliares Navales Dominicanos. Su lema: «La voz que sirve, trasciende».*