"República Dominicana menos mortalidad materna, pero siguen siendo casi siempre las mismas"

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"República Dominicana menos mortalidad materna, pero siguen siendo casi siempre las mismas"
Photo by Chip Vincent / Unsplash

En 2025, en República Dominicana murió una mujer por causas relacionadas con el embarazo o el parto casi cada dos días. Fueron 177 en total, una razón de 154 muertes por cada 100,000 nacidos vivos, el doble del promedio de América Latina y el Caribe. De esas 177 mujeres, 76 eran haitianas. Casi la mitad.

Ese es el punto de partida. El otro dato, el que el Ministerio de Salud Pública ha repetido en al menos tres momentos distintos de este 2026, es que la cifra está cayendo, y cayendo rápido. En las primeras catorce semanas del año el descenso fue de 44%. Al cierre del primer semestre, de enero a junio, se contaron 57 muertes maternas frente a 86 en el mismo periodo de 2025, una caída de 34%. Y en julio, el director del Servicio Nacional de Salud, Julio Landrón, dio una cifra más reciente y más amplia: 39% menos muertes maternas en los primeros siete meses del año.

Son datos del propio ministerio, tomados de su sistema de vigilancia epidemiológica, SINAVE, todavía sin cierre de año y sin auditoría externa independiente. Con números que se mueven en decenas, un grupo de casos de más o de menos puede mover varios puntos porcentuales. Aun con esa cautela, la tendencia se sostiene en cada corte del año, y eso, en un país que llevaba más de un lustro sin lograr bajar esta cifra, es información real.

En mayo, un mes antes de que el ministerio celebrara la caída del primer semestre, el Centro de Investigación para la Acción Femenina, Cipaf, presentó un estudio que se enfocó a mirar no solo el número sino también los expedientes. Se llama "Madres Invisibles, la crisis silenciosa de la mortalidad materna en República Dominicana", lo hicieron junto a la Asociación Gallega de Reporteros Solidarios con apoyo de la Xunta de Galicia, y revisó a fondo 30 de las 177 muertes de 2025, un 17% del total, cruzando historias clínicas con 65 entrevistas a familiares y allegados.

Lo que encontraron fue un patrón. El 70% de esas mujeres tuvo un control prenatal discontinuo, insuficiente o de mala calidad. Un 33.3% no asistió a ninguna consulta prenatal. Muchas pasaron por varios centros de salud antes de recibir atención adecuada, no porque llegaran tarde sino porque el sistema las hacía dar vueltas.

"Las mujeres no llegan tarde, pasan por varios centros sin respuesta", dijo la directora de Cipaf, Syra Taveras, al presentar los resultados.

Incluso con seguro subsidiado, algunas familias tuvieron que pagar entre 8,500 y 33,000 pesos por transfusiones de sangre que en teoría estaban cubiertas. Las provincias donde el riesgo fue más alto, Independencia, Monte Plata, Hato Mayor, La Romana, no son las que tienen más partos, son las que tienen menos especialistas. El gasto público en salud en el país ronda el 2% del producto interno bruto, frente al 6% que recomiendan los organismos internacionales. De los 30 casos estudiados quedaron 36 niños huérfanos, y ninguna de esas familias recibió apoyo psicológico. Taveras lo resumió así: casi todas, muertes prevenibles.

En julio, el sistema de salud dominicano completó su primer curso nacional virtual de Cuidado Materno Crítico, parte de una estrategia bautizada Cero Muertes Maternas Prevenibles. Lo armaron en un mes el Ministerio de Salud Pública, la Organización Panamericana de la Salud, el Servicio Nacional de Salud, la Sociedad Dominicana de Ginecología y Obstetricia y la Sociedad Dominicana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva. Participaron 554 profesionales de las 32 provincias del país, ocho de cada diez eran ginecoobstetras, y el resto intensivistas, anestesiólogos, emergenciólogos, médicos de familia, cardiólogos y residentes. El temario no es genérico, es quirúrgico: choque obstétrico, preeclampsia severa, coagulopatía aguda del embarazo, paro cardiorrespiratorio durante el parto, edema pulmonar agudo, miocardiopatía periparto. Es, básicamente, entrenar a quien está de guardia para reconocer en minutos la diferencia entre una hemorragia que se controla y una que mata.

Existe una segunda pieza en este rompecabezas, de menor escala pero mayor precisión, que intenta cerrar la brecha donde el estudio del Cipaf detectó el vacío más profundo. Se trata de una iniciativa conjunta entre el Servicio Nacional de Salud, la OPS y la agencia coreana KOICA para fortalecer la atención primaria y el seguimiento prenatal en la frontera, específicamente en Dajabón y Elías Piña, las dos provincias fronterizas con Haití. Más de treinta médicos ya se formaron como facilitadores para replicar ese entrenamiento en sus propios centros. No es casualidad que el programa haya elegido esa parte de la frontera, es casi literalmente ir a buscar a las mujeres que el estudio dice que el sistema venía dejando atrás. Pero conviene no adelantarse, el programa arrancó apenas este año, y lo único que hay medido por ahora son médicos capacitados, no partos atendidos ni vidas salvadas. Entrenar a treinta profesionales es, por ahora, una declaración de intenciones y no un logro tangible. Confundir el proceso con la meta sería caer en ese optimismo superficial que los datos crudos no permiten.

El mensaje que repiten tanto el ministerio como la OPS es que nueve de cada diez muertes maternas se pueden evitar. Unicef, en un comunicado separado, habla de más del 80% de las muertes maternas y neonatales del país. Las dos cifras apuntan a lo mismo: casi nada de esto es inevitable y eso es exactamente lo que hace que la caída de este año importe y que, al mismo tiempo, no alcance para bajar la guardia.

Entrenar a 554 médicos para reaccionar mejor en una emergencia no resuelve por qué una mujer llegó a esa emergencia sin haber pisado un control prenatal en nueve meses. No resuelve que una transfusión que debía ser gratuita le cueste a una familia el equivalente a  salario mínimo o más. Tampoco resuelve que a mujeres haitianas indocumentadas, el miedo a la deportación las aleje del hospital hasta que ya es tarde. El propio estudio de Cipaf documentó casos de mujeres dominicanas mal clasificadas como haitianas solo por el color de piel o el apellido, lo que retrasó su atención.

¿Qué podemos ir aprendiendo de todo esto?. Lo que observamos con la reciente disminución de las muertes maternas en el país confirma una premisa ya establecida por la evidencia científica global: gran parte de estos fallecimientos son evitables mediante la estandarización de protocolos y la capacitación técnica del personal ante emergencias críticas. Estas intervenciones ofrecen resultados rápidos. Sin embargo, su eficacia tiene límites estructurales. Aunque el volumen total de muertes desciende, las desigualdades de fondo persisten: la mayor carga de mortalidad sigue recayendo sobre las mujeres con menores recursos, aquellas en zonas con limitada cobertura médica especializada, las que carecen de seguimiento prenatal y las comunidades más vulnerables, como las mujeres haitianas o quienes son identificadas erróneamente como tales.

El país tiene ahora, por primera vez en años, una cifra que baja y un diagnóstico detallado de por qué las que faltan siguen faltando. Lo que se haga con esas dos cosas juntas y no la cifra sola, es lo que va a decidir si dentro de un año esta historia se sigue pudiendo contar como una victoria.