¿Vio La Odisea? ¿Leyó La República, de Platón? Esta hermosa edición dominicana está en línea y gratis

El cine devolvió a Ulises a las salas. Pero hay otro clásico griego, escrito 320 años después, que ningún estudio ha llevado a la pantalla y que sigue explicando por qué se corrompen los gobiernos. La República, de Platón, ya tiene edición dominicana: gratuita y traducida directamente del griego.

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¿Vio La Odisea? ¿Leyó La República, de Platón? Esta hermosa edición dominicana está en línea y gratis
Ilustración animada a cargo de Guillermo Molina Mueses

Por: José Rafael Sosa / Especial para HUMANKIND NEWS

Santo Domingo. — Ahora que el mercadeo del cine y la calidad de la obra en sí misma nos han llevado (afortunadamente) a las salas a disfrutar de La Odisea —historia mítica y narración de épica aventura—, es el momento adecuado para preguntarnos si hemos leído La República.

La Odisea se escribió hacia el año 700 a. C.; La República es posterior, de alrededor del 380 a. C. Entre una y otra median unos 320 años.

Ambas obras representan momentos muy distintos de la civilización griega. La Odisea pertenece al mundo épico y heroico; La República, al mundo filosófico y político de la Atenas clásica. Ninguna es superior a la otra: son clásicos distintos. Eso sí, La República no cuenta con un Christopher Nolan ni con una campaña de mercadeo mundial que la lleve al cine.

La Odisea habla de aventuras, de fidelidad familiar y de fantasía epopéyica, lo cual está muy bien. Pero La República justifica plenamente el calificativo de clásico, porque sigue planteando preguntas que la sociedad moderna no ha resuelto, en especial sobre democracia, liderazgo, educación, ética, corrupción, poder y responsabilidad individual.

El título griego es Πολιτεία (Politeía), que se traduce con más precisión como “constitución”, “régimen político” o “vida de la ciudad” que como “república”. La obra adopta la forma de un diálogo protagonizado por Sócrates, mediante el cual Platón examina una pregunta aparentemente simple: ¿qué es la justicia y por qué debemos ser justos?

A partir de esa interrogante —las preguntas eran la forma de enseñar de Sócrates, que no escribió una sola línea en toda su vida—, Platón construye una reflexión monumental sobre el individuo, la educación, el Estado, el poder, la filosofía, el conocimiento, el arte y la naturaleza humana. Su valor formativo es inmenso, y ahí radica su trascendencia: no se limita a decir cuál es el mejor gobierno, sino que analiza cómo se deterioran los sistemas políticos.

La secuencia que describe es: aristocracia → timocracia → oligarquía → democracia → tiranía. Pero ¡ojo!: esos términos no significan hoy lo que significaban para él.

  • Aristocracia: el gobierno de los mejores, entendiendo por “mejores” no a los más ricos ni a los de determinada familia, sino a quienes poseen sabiduría, educación y virtud. Su ideal es el gobierno del filósofo, es decir, de quien conoce el bien y no usa el poder para enriquecerse o satisfacer su ego. No es el sentido que damos hoy a la palabra: Platón pensaba en la sociedad ateniense.
  • Timocracia: el gobierno dominado por el honor, la ambición y el espíritu competitivo. El gobernante empieza a valorar más el prestigio y la gloria que la sabiduría.
  • Oligarquía: aquel en el que el poder se concentra en quienes poseen riqueza. Aquí Platón hace una advertencia sorprendentemente moderna: cuando la riqueza determina quién gobierna, la sociedad se divide entre ricos y pobres, y la comunidad política pierde cohesión.
  • Democracia: el gobierno del pueblo. Advierte un peligro: que la libertad derive en libertinaje, en ausencia de disciplina y en rechazo de toda autoridad legítima. Conviene recordar que se refería a la democracia ateniense, no a las democracias constitucionales representativas contemporáneas.
  • Tiranía: el régimen en el que el gobernante que prometió responder a las necesidades del pueblo termina convertido en un déspota que concentra todo el poder. Un sistema político se corrompe, advierte, cuando las virtudes que deberían sostenerlo son sustituidas por deseos, intereses y ambiciones.

El Estado comienza en el individuo

Una de las conclusiones más interesantes para una lectura contemporánea es el paralelismo que establece entre la ciudad y el ser humano. El individuo, sostiene Platón, tiene tres dimensiones fundamentales: razón, ánimo o voluntad, y deseo o apetito. La persona justa es aquella en la que la razón gobierna, la voluntad la sostiene y los deseos permanecen ordenados.

De ahí surge una enseñanza extraordinariamente actual: quien no sabe autogobernarse difícilmente gobernará a otros. Eso permite leer La República no solo como un libro de teoría política, sino como un manual filosófico sobre el carácter.

Los valores personales que transmite pueden resumirse en diez: justicia, autodominio, sabiduría, prudencia, valentía, educación, responsabilidad, moderación, búsqueda de la verdad y servicio público.

La República debe leerse, entonces, no por su antigüedad, sino por la vigencia de sus planteamientos, que siguen interpelando a quienes ejercen el poder. Tiene muchas otras enseñanzas —entre ellas la alegoría de la caverna—, pero este reporte se haría demasiado extenso.

Por todo ello es importante leerla. Y resulta una afortunada coincidencia que acabe de producirse en el país una edición dominicana única, con ilustraciones animadas y traducción directa del griego original, a cargo de Guillermo Molina Mueses, arquitecto y animador digital. La edición impresa, que saldrá próximamente, será una joya editorial en forma y fondo.

La República, de Platón, está disponible gratis en:

Acceso al libro gratis aqui